No hay rumbo, no hay bandera.

Frenéticos y soñados viajes,

sin sendero por la vida.

Alimenta tu alma viajera,

de postales y retales,

allá de mil encajes

seduciendo a quien nos pare.

Caminante, no hay camino,

solo fronteras que cruzar.

En la espalda una mochila

y en tus pies mil ilusiones,

de cálidas arenas

y quinientos soles.

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