Podría escribir los versos más tristes esta noche, pero jamás seré Neruda ni mi alma aún se da por vencida.

Podría cerrar los ojos y recordar tu risa, tu mirar, tu prisa, tu silencio que antes tanto me decía.

Podría ser sincera y asumir que fuimos dos individuos, antónimos, de un extraño magnetismo.

No puedo y ojalá pudiese encontrar tus manos como incontables veces para esta vez decir

adiós

nos faltó una tarde en el salón

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